Tiene 86 años, como Fidel Castro, y uno más que Ratzinger, y viene hasta mí para despedirse antes de ir dormir. Me cuenta la impresión que le ha producido ver en directo, a través de la televisión, el viaje emprendido por el Papa renunciante hasta su próximo retiro . Ni a él ni a mí dejan de maravillarnos los adelantos tecnológicos que disfrutamos en este siglo XXI, que nos permiten ver un acontecimiento histórico como éste, en tiempo real, y charlamos un rato sobre ello. A un lado de nuestra conversación, sin tocar, latente...reposa el tema de las despedidas y las renuncias. Ya hablamos de ello , de la suya, muchos días. Muchos. O los necesarios. No lo sé muy bien. Pero lo que al principio era un tema tabú para mí, se ha convertido en un compañero de mi día a día. Acompañar en las decisiones últimas de la vida de una persona se convierte en una oportunidad maravillosa de poder devolver..si es que esto fuera posible, todo lo recibido a lo largo de la vida.
El siglo XX nos parece muy lejano ya. Pero aquí estamos... mirando el blanco y negro que ya no existe, y disfrutando cada sorpresa que nos brinda el día a día del XXI..
PD: una de las canciones favoritas de mi padre, que acompañaron mi infancia.
Una vez, hace muchos años, comenté en una reunión de amigos músicos,
casi como confidencia, que de vez en cuando me ponía a estudiar en el
baño de casa, por la estupenda acústica del lugar. Mi sorpresa llegó
cuando comprobé que no era la única: excepto los pianistas, que tienen
un poco difícil 'plegar' su instrumento, los demás lo habían
experimentado más de una vez. Claro, cómo no se me había ocurrido: no
era la única que lo había descubierto....
Otro de mis lugares
mágicos para escuchar música con concentración y calidad ha sido el
coche. No quiero ni pensar cuantísimas horas de escucha y placer he
vivido mientras conducía... Y, casualmente, hace un tiempo descubrí que
uno de los más grandes músicos actuales, mi idolatrado Krystian
Zimermann, opinaba lo mismo. Pero
leí, en una de esas escasas entrevistas que ha concedido en su vida,
algún detalle más. Decía que en muchas ocasiones, y especialmente de
noche, ha conducido sin rumbo exacto o haciendo círculos alrededor de su
residencia, mientras escuchaba la música (especialmente obras en
estudio) que le interesaba en ese momento. Comentaba que de esa manera
conseguía una concentración absoluta, superior a la escucha en su
maravilloso ( imagino yo) equipo musical de su hogar. No es una
excentricidad por su parte, precisamente es el músico menos 'divo', y
más profundo que he conocido, y comparto su punto de vista. Yo no puedo
explicar exactamente por qué puede suceder esto , pero creo que el
hecho de conducir al mismo tiempo es el quid de la cuestión. No se trata
de la calidad del equipo, sino de otro elemento menos tangible, pero
absolutamente real.
Esta tarde venía conduciendo de
noche, lloviendo, y he colocado en el reproductor del coche una cinta
de cassette, relativamente vieja y olvidada en el asiento del copiloto.
No recordaba qué contenía. Entre otras canciones, ha sonado la voz
inconfundible de Stevie Wonder y su Lately, y el frío, la noche y
la lluvia se han transformado en la compañía de un momento de magia
inigualable. Como otras veces, he terminado cantando con él a voz en
grito mientras dejaba atrás semáforos y las luces de la noche. Al llegar
a casa no he tardado un segundo en escucharlo de nuevo. Pero ya no
sonaba igual....
Una de
mis celebraciones favoritas ha sido, hasta hace pocos años, la del día de Santa
Cecilia, patrona de los músicos. Cuando era pequeñaja salía del colegio como
una exhalación, como un torpedo, y con el cómplice permiso de los profesores,
para poder participar en los conciertos que se celebraban ese día en el
conservatorio donde estudiaba. Eran dos premios en uno : poder romper la monótona
rutina lectiva, y cantar con el resto de compañeros ‘musicales’ obras que me fascinaban y despertaron mi
amor incondicional a la música. 'This little babe', del misterioso y enigmático Britten,
el dulcísimo'L’Adieu des bérgers a la Sainte Famille’,
de Berlioz , elección debida a la formación francesa que poseía nuestro
director de coro,
o la
famosísima'Cantata 147' de
J.S.Bach , bella hasta la médula,
,
formaban parte de un repertorio elegido sin concesiones a la juventud de
aquellos niños que éramos entonces. La calidad y el esfuerzo
que nos pedían tenían recompensa: gozar haciendo buena música. Éstas y
otras obras perviven en mi memoria, afortunadamente, y consiguen que en un solo
instante me transporte a aquella infancia feliz y lejana.
Todavía
existía un ingrediente más que siempre asocio a ese día : las nueces de Doña
Cecilia, nuestra vecina del piso superior. Mi madre, detallista, sociable y
extrovertida, me recordaba hábilmente que a Doña Cecilia le haría ilusión si la
felicitaba por su cumpleaños, y, aunque a mí me suponía luchar un poco
con mi timidez, subía corriendo las escaleras en cuanto llegaba del colegio.
Claro, Doña Cecilia se emocionaba ( a su manera, roncalesa), y, siempre, me decía
que esperara un segundo en la entrada de la casa : cuando volvía me ponía en
las manos un par de bolsas llenas de nueces, de los nogales que tenía en un
precioso pueblo del Valle de Roncal . Eran unas nueces pequeñas, irregulares y
sabrosísimas. Ya no he vuelto a comer ninguna que se le pareciera…Bajaba las
escaleras dando saltos, como siempre, ansiosa por mostrar el tesoro, y
contar, como cada año, cómo me había felicitado ella a mí también por ser
‘música’.
En aquel
día, en aquellos Santa Cecilia, no
hacía frío en noviembre, aunque el carbonero siguiera visitando nuestra casa
dejando el reguero de polvo negro de su saco en el camino hasta la cocina.
Tampoco hacía frío en la Catedral o en la iglesia de turno donde cantábamos .
Ni hacía frío en el camino de casa al colegio, ni en los ensayos, ni parecía
tampoco que oscureciera tan pronto. Noviembre y Santa Cecilia eran cálidos,
porque estaban llenos de luz, de nogales, de saltos por las escaleras de casa y
días de nieblas luminosas , en gris y ocre. Estaban llenos de Música. Y nueces.
*
Dedico esta entrada a Pascual Rodríguez Aldave , músico,
compositor, profesor , ex-Director del Conservatorio Pablo Sarasate de
Pamplona, que también fue profundamente innovador, y controvertido en muchos
momentos de su vida,y al que, por su influencia en momentos clave de la mía, debo agradecer haber sido completamente feliz unida a la música. Gracias siempre.
Siempre que escucho este tema recuerdo el comentario que me hizo
quien me regaló el cd : decía que en ese momento la escena mostraba la
caída de copos de nieve, en un plano que miraba directamente al cielo,
desde el punto de vista del espectador. Nunca ví la película ( Antes que anochezca),
pero la idea quedó archivada en mi mente. De vez en cuando echo mano de
una asociación música-momento de este estilo, que me sugiere
sensaciones, fantasías, o que simplemente, se unen a momentos que
pertenecen a un punto concreto en el tiempo y en el espacio, y que
'registran' , como en un cuaderno de bitácora, pequeñas ( o grandes)
vivencias. Las del día a día que forman la vida.
Últimamente
estoy recogiendo algunas especiales. Por motivos laborales, algunos
días debo madrugar mucho. Cuando camino hacia mi coche, las calles están
absolutamente vacías, no circula apenas nadie, y mientras me acerco a
él, disfruto pensando en el momento en que conectaré la radio. Los doce
minutos que me separan de mi destino suelen ser especiales, mágicos,
absolutamente personales. En esa atmósfera solitaria y oscura, la música
que suena en el dial adquiere una dimensión especial. Suena tan
distinta....!
Cuando doy, después, los buenos días a
los primeros compañeros de trabajo, ya me he transformado. Aún falta un
buen rato para que amanezca, pero yo, ya he 'registrado' una voz, el timbre de algún instrumento, o una
armonía, o una melodía que vuela desde Brasil o desde los años cincuenta, qué más da...., y la voz cálida de algún
locutor. Pequeñas vivencias. Antes de que amanezca.
Hoy es el último día de septiembre, un mes que ha sido intenso para
mí, y que cierro con una jornada extenuante. Supongo que las jornadas
de los peregrinos deben parecerse algo a lo que estoy viviendo: cada día
es muy diferente al anterior, y a veces la exigencia del Camino pone a
prueba las fuerzas, la resistencia, la capacidad de ver más allá del
suelo que uno pisa, del paisaje, de los compañeros de ruta, del
viento...de tantas cosas...
En mi caso, a pesar del cansancio
extremo de hoy, estoy muy contenta. Me gustan los retos, me gustan las
nuevas experiencias que van surgiendo cuando una camina, me gusta
descubrir que soy capaz de mantener la ilusión de ir un poquito más
lejos, a pesar de los obstáculos, y, algunas veces, conseguirlo.
Cierro este mes en Onlymary.
Cierro también una larga etapa irregular, con pocas entradas, con poco
tiempo y concentración. Con pocas visitas a mis queridos amigos
blogueros. Con demasiadas tareas entre manos que me han dispersado y
alejado de este lugar de encuentros tan agradables para mí, que es la
red. Espero ir retomando ritmo, y abriendo nueva etapa, también, en
este blog.
Me dicen que hemos registrado hoy 39º en Pamplona. A las diez de la
noche nos encontrábamos a pie de pista, esperando ver la maniobra de un
F18 sobre ella. Al llegar a nuestra altura ha hecho una toma y
despegue, y se me ha grabado en la retina la imagen de su perfil y las
luces laterales, azules y minúsculas. Se ha alejado dejando un ruido
ensordecedor que se extendía entre el manto de la oscuridad y el
tremendo calor. Cierre de honor a un día que deja atrás una larga y
dura etapa, y abre la puerta a un futuro lleno de ilusiones. Un día para
no olvidar.
The Autumns / Boy with the aluminun stilts /. Tampoco puedo olvidarlo.
A este cabezudo de esta tierra le llaman el Alcalde ( los ojos son
móviles, se colocan en blanco accionando un mecanismo, y pone cara de
pasmado... ) , y durante las fiestas persigue a los niños para golpearles
con una pelota inofensiva. Es un rito que se cumple año tras año, y los
' elegidos' que portan el muñeco para tal misión, disfrutan más que los
niños. Los ojillos de éste le delatan.
Pues bien, así , más o menos, me siento yo en este momento. Viva la Vida.
Hoy
he cumplido con una formalidad legal necesaria para decir un 'adiós'.
Pero ese simple paso ha supuesto para mí algo parecido a sentir que te
quitas de encima un bloque de cemento de varias toneladas, que te
aplasta, no te deja respirar ni ver el cielo. Casi ni 'ser'.
Pero aún me queda disfrutar el momento del adiós definitivo... Viva la Vida.
Viva
la Vida. Una y mil veces. Hay que ser valiente, sin riesgo no hay
ganancia. Nunca se pierde del todo si se conserva lo esencial : el
viaje más apasionante de un ser humano, el suyo propio. Viva la Vida.
Empiezo a bosquejar mi deseo para los tiempos venideros.
Queden
atrás los momentos de desazón, y de inquietud .
Permanezcan a mi
lado todos mis aliados : la ilusión, la curiosidad, la alegría, y el
agradecimiento íntimo a tantas cosas...
Dejo este primer bosquejo, en color mediterráneo. Vendrán más.
La memoria es selectiva...y sorprendente. A medida que pasan los años
compruebo esa maravillosa capacidad selectiva que poseemos, que nos
protege , y al mismo tiempo sorprende, cuando nos lleva de improviso
hasta los recuerdos almacenados en ‘espacios’? aparentemente
desaparecidos.
Hace unos días, realicé una pequeña
apuesta sobre un detalle que aparecía en esta imagen familiar. Soy muy
lanzada a la hora de ‘apostarme el pescuezo’ con asuntos banales, como
puro juego. Algunas veces pierdo , pero otras , como en esta ocasión, mi
orgullo se dispara cuando un dato, algo, lo certifica indudablemente, y
no tengo que lidiar al tratar de demostrar que estaba en lo cierto.
Como
digo, una pequeña anécdota me llevó a buscar y encontrar esta imagen, y
re-fotografiarla. Aparece mi firma, pero el verdadero autor de ella es
mi padre, que tomó muchas fotografías estupendas en aquellos tiempos.
El pequeño Renault 4-4, un gran volante blanco, mi madre en el
interior y un tiempo en el que yo aún no había nacido, pero que
recordaba perfectamente a través de sus fotografías, que he observado
tantas veces.
No se cierra aquí el recuerdo, sólo la entrada : As
time goes by, el tiempo pasará, con Dooley Wilson , con mi adorada Ella
Fitzgerald, con Billie Holliday, y con quiera seguir cantándola, o
tarareándola. Blanco y negro. Sin nostalgia.
Hace años tuve un alumno ( un diamante en bruto, hoy ya 'tallado' y profesional ) que ,invariablemente,
llegaba corriendo a mi clase, abría la puerta como una exhalación, se
acercaba hasta la silla que le correspondía al mismo tiempo que tiraba (
invariablemente también) el pedal de guitarrista que estaba
esperándole, e incluso a veces, al dejar sus partituras sobre el atril ,
éste caía al suelo gracias a la vehemencia con la que aterrizaba en el
aula. Al mismo tiempo, mientras duraba el proceso de 'tirar' al suelo
todos los elementos posibles del aula, me contaba algún chiste o las
últimas novedades de su vida. Era un auténtico terremoto, una explosión de vitalidad. Tocaba exactamente igual que como él era, a
gran velocidad , con pasión y tratando de no perder un segundo de la clase. Siempre
fué así, su carácter sólo se apaciguó un poco con el paso del tiempo,
pero jamás perdió su esencia , afortunadamente. Yo controlaba , casi con cronómetro, el
minutaje que nos correspondía en cada sesión , y durante los años que le
tuve como alumno disfruté al máximo cada uno de esos minutos de
vitalidad y talento desbordado .Pero además, mientras trabajábamos, nunca
faltaba el sentido del humor por parte de ambos, ya que aunque el nivel
de exigencia sea alto, siempre lo he considerado imprescindible y
esencial.
El otro día encontré este video y
no pude evitar recordarle. No es necesario saber qué es técnicamente un
'stacatto' para comprender los tres minutos de clase magistral del gran violinista Isaac
Perlman. Espero despertar una sonrisa con este pequeño fragmento de esta...'lección de música'?
Por alguna curiosa razón ( y seguro
que también algo divertida, pero desconocida para mí) a veces tiendo a
confundir dos palabras, o dos nombres, o dos ‘lo que sea’ , aunque los
conozca perfectamente por separado e incluso formen parte de mi vida.
Es una especie de ‘dislexia despistada' que , afortunadamente, nunca ha
pasado de ser una anécdota.
Vaya
un ejemplo. Durante años confundía los nombres de dos conserjes del
centro educativo en el que trabajaba, a pesar de que eran absolutamente
diferentes en cuerpo y en ‘espíritu’. Fermín, moreno y casi calvo,
era una delicia, siempre atento , respetuoso y educado, mientras que
Gerardo, que lucía una gran mata de pelo blanco en la cocorota y poseía
una voz aguardentosa , siempre parecía molesto por estar en este
mundo-mundial, y, generalmente gruñía en vez de saludar. El sol y la
luna, el yin y el el yan? Bueno, pues siempre tenía que pensar sus
nombres...para no equivocarme al saludarles,casi diariamente. Y casi
nunca acertaba.
Algo parecido me ha sucedido con esta pieza
musical. Yo, que poseía ( tiempo pasado) una amplia memoria para todo
lo relacionado con la música, en general, y era capaz de localizar el
nombre completo de gran cantidad de obras musicales, sin dudar y a
gran velocidad, llevo confundiendo el nombre de esta pieza con el de
Novelette hace mucho tiempo. Ni lo recuerdo...:)
Perdí
la mejor grabación que tenía de ella hace tiempo, y cada vez que la
buscaba ...me venía a la mente, : Novelette de Poulenc, Novelette de
Poulenc. Y claro, nunca la encontraba en la red. La podía cantar,
recordaba perfectamente la melodía...pero nunca aparecía. Es que es una
Barcarola de Fauré!!
Es más, la encontraba, la escuchaba, y lo volvía a olvidar.
De
hoy ya no pasa que la deje en algún lugar, y lo hago aquí, para poder
volver si la pierdo. De esto me acordaré. Aunque no es la mejor
versión, ni la pieza más querida para mí de su autor, ya habrá tiempo
de dejar retazos aquí de Fauré, de Poulenc, de Satié, Ravel , Debussy,
de la magia y eterna elegancia de la música francesa del siglo pasado.
Oh
la lá.. eso sí, si recuerdo los nombres..y no los vuelvo a confundir.
Barcarolle no 1, op 26, de Gabriel Fauré, sin confusiones.
Hace años, siendo muy joven, me encontré asistiendo a una cena en Madrid con músicos y pedagogos de toda España. Eran momentos de ilusiones e iniciativas privadas que pretendían poner en marcha proyectos para mejorar la educación musical en nuestro país. Yo sólo conocía a mi acompañante, y estaba un poco nerviosa por la magnitud del encuentro y, sobre todo, porque un pequeño accidente había hecho que asistiera a la cena con un ojo cubierto por un vendaje bastante aparatoso y molesto. Me encontraba bastante incómoda : mi ojo 'libre' estaba lloroso, e incluso tenía la sensación de haber perdido el oído por la pérdida de visión ( así es una, qué le vamos a hacer...) y trataba de sobrellevar el asunto sin tirar una copa de vino al calcular mal la distancia.
Afortunadamente, todo transcurrió mejor de lo previsto. Mis nervios fueron diluyéndose a medida que pude escuchar al comensal que casualmente colocaron a mi lado. Su calidad humana, sencillez, afabilidad y categoría profesional hicieron que olvidara todas mis molestias, y quedara fascinada con él. Se trataba de Antón García Abril, conocido por el gran público por su trabajo en ‘El Hombre y la Tierra’, de Félix Rodríguez de La Fuente. Ya entonces lo era, pero hoy, tanto tiempo después, sigue siendo un
compositor español , reconocido, admirado y muy querido por sus
colegas, alumnos y artistas.También destacan algunas de sus obras
dedicadas a la pedagogía de los
más jóvenes, en las que siempre tiene un tratamiento de la melodía muy
particular e interesante.
Hace unos días encontré esta canción suya , ‘No por amor, no por tristeza’, basada en un poema de Antonio Gala, en una transcripción para cello y piano de Asier Polo. Fue una agradable sorpresa escuchar de nuevo una melodía que indudablemente lleva su sello, y no quiero dejar de compartirla aquí. Espero que os guste.
NO POR AMOR
No por amor, no por tristeza, no por la nueva soledad: porque he olvidado ya tus ojos hoy tengo ganas de llorar.
Se va la vida deshaciendo y renaciendo sin cesar: la ola del mar que nos salpica no sabemos si viene o va.
La mañana teje su manto que la noche destejará. Al corazón nunca le importa quién se fue sino quien vendrá.
Tú eres mi vida y yo sabía que eras mi vida de verdad, pero te fuiste y estoy vivo y todo empieza una vez más.
Cuando llegaste estaba escrito entre tus ojos el final. Hoy he olvidado ya tus ojos y tengo ganas de llorar.
Hay épocas en la vida en las que parece que todo está permanentemente detenido, marcando el mismo nivel, sin aparente variación.
Dicen,
que un espíritu inquieto debe entonces ejercitar una y otra vez el difícil pero valiosísimo arte de ser paciente, que fortalece tanto ante riadas imprevistas como ante sequías pertinaces.
Dicen,
que aunque el orden externo aparente inmovilidad, todo fluye, nada permanece invariable a los ojos de quien sabe observar.
Me
encontraba en un Curso de Verano-Seminario de cierta duración en el que
se abordaban diferentes disciplinas artísticas en relación a la
Música y su pedagogía como eje principal. Lo impartían especialistas
de diferentes lugares del mundo, e incluía aspectos tan variados como
el estudio de nuevas metodologías del ritmo ( a a través de los Taiko-
tambores japoneses , por ejemplo, o de la práctica del claqué ) ,
expresión corporal en relación con el teatro y la danza ,
improvisación musical a través de instrumentos de placa , y otros talleres tan variados en su interés como los que he mencionado. El
enfoque del curso estaba dirigido a conocer expresiones musicales de
diferentes lugares del mundo y , de alguna manera, tratar de ampliar
nuestros conocimientos como docentes.
Asistíamos
a las clases en el enorme edificio del antiguo Seminario de Corbán, en
Santander, aprovechando algunas aulas y salas muy espaciosas en las
que podíamos poner en práctica cada una de las clases. El tiempo libre
del mediodía lo aprovechábamos para comer en algún lugar cercano, en
los alrededores.Un
día , mientras elegíamos menú en uno de ellos, vimos cómo entraban
tímidamente un grupo de personas, muy bajitos de estatura, vestidos con
ropajes de colores, africanos y , acompañados de alguien que les
guiaba, se sentaban en una mesa contigua . Recuerdo nítidamente la
expresión de sus caras, una preciosa mezcla de candorosa ingenuidad y
alegría, rematadas con amplias sonrisas. Parecían recién salidos de un
cuento infantil , absolutamente fuera del escenario europeo en el que
estábamos nosotros. Lo que me impresionó más vivamente y aún recuerdo,
fueron sus miradas , entre inocentes, temerosas, silenciosas, y
extremadamente vivas. Alguien
en mi mesa comentó: sí, son los Wagogo…los trae Polo Vallejo... no
sabíais? Creo que es la primera vez que están en Europa.
Yo no tenía idea, no estaba programado, pero aquella misma tarde tuve la oportunidad de conocerlos un poquito más.
***
Los Wagogo habían llegado
hasta allí de la mano de Polo Vallejo, compositor, etnomusicólogo y pedagogo español que ha dedicado varios años de su vida al estudio de
la música polifónica de los Wagogo, tribu de Tanzania. Años más tarde ha sido premiado por su tesis sobre el tema.
Esa misma
tarde pasamos a un salón muy amplio, y tomamos asiento en las viejas
sillas de madera del lugar, dejando un espacio central para recibirles.
Justo antes de que ellos comenzaran su actuación, se formó un pequeño
revuelo detrás de mí, y en un instante vi cómo un importante
personaje musical español tomaba asiento casi a mi lado. Su presencia
sellaba la excepcionalidad de lo que íbamos a ver.
Y
así fue. En pocos minutos se presentó ante nosotros el pequeño grupito
de wagogos, prácticamente desnudos, ataviados solamente con algunas
pequeñas prendas habituales de su tribu. Eso sí, las chicas lucían
espectaculares peinados y multitud de adornos por todo su cuerpo. En
cuanto empezaron a sonar los tambores en aquella vieja sala , comenzó
la danza. Creo que fue en ese momento cuando los que estábamos allí
dejamos de respirar. Al menos yo no podía hacerlo, tal era la
impresión que me produjeron.Y tengo que añadir que hubo momentos en los
que pensé que alguna de las chicas wagogo iba a desnucarse, tal era
la velocidad, fuerza y violencia con la que sus cabezas giraban en el
aire al mismo tiempo que clavaban sus miradas en nosotros, europeos ,
‘blanquitos' sentados sin respiración y con la boca abierta. La
percusión, con polirritmias endiabladas, retumbaba en la sala, pero a
pesar de que el escenario distaba totalmente del suyo habitual, al
aire libre y en medio de su aldea, su fuerza te envolvía y absorbía
totalmente, como si fuera lo más natural del mundo sentir aquello. Hoy,
tanto tiempo después , lo recuerdo puro, salvajemente instintivo, y
absolutamente vital.
Maravilloso.
Meses después, los Wagogo
hicieron una pequeña gira por España, y actuaron en Pamplona, donde su
presencia se publicitó como ‘de especial interés para el público más
joven’.
En
ese momento, no había estallado aún la explosión de tantos nuevos
auditorios musicales en nuestro país, ni el marketing que les
acompaña, pero el teatro estuvo lleno para presenciar su actuación. Lo
cierto es que a mí me resultó un poco decepcionante su presencia, ya
que , desde mi punto de vista, había perdido algo de la frescura que
pudimos disfrutar en aquella ocasión, un año antes, y en los vídeos
filmados en Tanzania que en su momento pudimos ver. Aunque su fuerza y
valor eran indudables, la coreografía que presentaban, el 'orden'
establecido para la actuación me hacían verlo como una explosión de
vida encerrada entre las cortinas de terciopelo de aquel escenario.
Pero fue una estupenda oportunidad de disfrutar de nuevo de semejante
espectáculo.
Y
después de los aplausos de rigor, que suelen parecerme escasos y algo
fríos en esta tierra, el público abandonó la sala, y nunca más se
volvió a escuchar nada sobre los Wagogo.
Hace
tiempo, charlando con Jesús, integrado en la vida africana, surgió
este tema, y le prometí contar aquí mi pequeña experiencia con ellos.
He tardado un poco, pero al final he cumplido.
La página de Polo Vallejo no permite la inclusión de su contenido fuera
de su web, así que aquí dejo lo único mínimamente digno que he podido
encontrar sobre el tema. Espero que os guste.
16 años. Superguapo. Especialista en hacer imitaciones
de Sir David Attenborough presentando documentales. Atleta, músico y buen
estudiante. Sentido del humor permanente. Sonrisa a prueba de bombas. Ahijado
de onlymary.
Equipo de producción: una pequeña cámara de fotos y
algún bocata que otro de chorizo para reponer fuerzas.
Localizaciones: caminos vecinales en un pequeño valle
al norte de Navarra.
Casting: totalmente espontáneo, y libre. Casi todos,
animales.
No hace gira de promoción como Amenábar o Woody Allen.
A nosotros no nos hace falta, porque él pone su
talento y cariño, y yo, mi blog.
Todos los músicos tenemos al menos una obra de repertorio con la que nos sentimos identificados y que se convierte en una especie de tarjeta de presentación de nuestro carácter y espíritu. A pesar de que ‘recorremos’ en nuestro aprendizaje diferentes épocas y estilos, llega un momento en el que , a veces súbitamente, descubrimos algo especial en una pieza que nos atrapa, pero al mismo tiempo se convierte en nuestra aliada permanente, y siempre permanece fiel en nuestro repertorio íntimo, a través del tiempo y los avatares. Es una especie de flechazo, certero, que no tiene dudas en sí, que hace que te conviertas naturalmente en el medio de expresión , a través de tu instrumento, de la música que alguien escribió, sin pensar en tí. Es algo parecido al amor, cuando la diana en el corazón es herida súbitamente, naturalmente, sin preparación, y sin duda.
Esta tarde he vuelto a escuchar este Allegro de Concierto en un pequeño homenaje de recuerdo que le brindaban en Radio Clásica a Alicia de Larrocha, que falleció hace tres días en Barcelona. Ésta era la pieza 'talismán' de un compañero mío de estudios de conservatorio, y me ha venido a la memoria su imagen repetida tantas veces interpretándola al piano...años ha.
Las pequeñísimas manos de Alicia de Larrocha estuvieron íntimamente ligadas a Granados, Albéniz... y fué excepcional intérprete del tesoro que esconden piezas como ésta. Detrás , semiescondido y no demasiado divulgado en nuestros días, existe todo un universo ligado al modernismo catalán, a una creatividad brillante y luminosa con cuna en nuestra tierra, en España, y a una forma de entender la dedicación a la interpretación musical muy profunda, menos competitiva , seguro, que hoy en día. Pero los tesoros existen para que alguien los descubra algún día, y aunque ella es conocida mundialmente, yo he tratado de poner mi granito de arena dando pistas ...
Mi eterno agradecimiento , siempre, a Alicia de Larrocha y su amor a la música.
Hace unos días, dando una vuelta por esta maravilla saciadora de curiosidad que supone la red, ‘la internet’, encontré esta imagen. Al margen de mi - creo que evidente- pasión por redescubrir Cantabria, y Santander, la imagen me subyugó. Me fascina todo lo que veo en ella, todas las referencias a un tiempo pasado lleno de romanticismo para los que no lo vivimos en su momento y sólo lo miramos a través del cristal del nuestro, de nuestro tiempo, como espectadores cómodamente sentados en la butaca de una sala de cine .Pero he de confesar que me hizo recordar también una de las desilusiones más importantes de mi vida cuando era una niña.
No lo recuerdo exactamente, pero supongo que tenía 14 ó 15 años. El invierno anterior había escuchado en Pamplona, en pleno boom de su descubrimiento mundial, a Paco de Lucía. Era entonces estudiante de guitarra, y fué tal la emoción que me produjo escucharle en directo, que recuerdo perfectamente cómo llegué a mi casa aquella noche y me puse a practicar sobre mi guitarra como si se me fuera a escapar el mundo de las manos, como una loca. El famosísimo ‘Entre dos aguas’ no dejó de sonar en el tocadiscos de casa en meses. Aún conservo el vinilo.
Bien. Llegó el verano, y Paco de Lucía iba a actuar en Santander, en la Plaza Porticada. Tuve la suerte de que mis padres en aquel momento tuvieran la feliz idea de llevarme a escucharle, algo excepcional, ya que el único miembro de la familia tan locamente aficionada a la música era yo, y lo cierto es que en esa época y en nuestra familia, con cuatro hijos, las ‘actividades extraescolares’ eran sencillas y, desde luego, colectivas. Ir a la playa,hacer excursiones por la provincia, etc, eran lo habitual, pero asistir a un concierto, y de noche, suponía un premio especial, muy especial. Así que yo no podía dormir de la emoción. Verano, Santander, la Porticada, y escuchar a mi ídolo en aquel momento. Un puntazo.
Llevábamos unos minutos sentados en nuestras localidades cuando se empezó a oír un leve murmullo. La tarde se había cubierto de nubes amenazadoras, pero la temperatura era excepcional, y el ambiente en el lugar, perfecto!. Poco a poco, el murmullo fué creciendo, al mismo tiempo que surgía un sonido parecido al de las primeras gotas de lluvia sobre un tejado. ¿Imaginación? No, realidad. En seguida el sonido de la lluvia sobre el tejado provisional que cubría la Plaza Porticada fue insoportable, y empezamos a intuir que era el principio de una gran tormenta. A los 20 minutos, la megafonía anunció la suspensión del concierto por causas mayores, y después de una especie de ‘ohhhhh’, lamento colectivo de decepción, todos comenzamos a abandonar el lugar a toda prisa. Efectivamente, esa noche cayó sobre Santander tal cantidad de agua que se inundaron varias d e las calles principales.Algo así como 'la madre de todas las tormentas', sin exagerar. Llegamos hasta nuestro coche empapados hasta los huesos, y lo encontramos semiinundado por un torrente de agua. Afortunadamente, el robusto Renault 12 funcionó y volvimos a casa. Recuerdo las sandalias blancas veraniegas que llevaba prácticamente deshechas por el agua, la ropa empapada, el triste camino de regreso sin haber podido escuchar una sola nota de su guitarra, ni haberle visto ( añado que además me parecía el hombre más guapo del mundo). Fue una gran desilusión, que, a pesar de los años que han transcurrido, no olvido.
En fin, este torrente de confidencias y recuerdos personales se ha desbordado por culpa de esta foto...y mi memoria selectiva.
Que no se repita.
Lo de la lluvia.
:)
Una de las tantísimas cosas que me gustaban de los veranos que pasábamos en casa de mi abuela cuando era pequeña es la cantidad de sucesos que parecían transcurrir por metro cuadrado en Santander. Había de todo. Y además, ese “todo” no existía en mi tranquila ciudad. Entre otras cosas, podías acercarte en tren al centro de la ciudad desde su casa, a 5 km, y transformar un simple desplazamiento en una aventura en la que te sentías ‘viajera’ al comprar el billete de cercanías. Llegar a la Plaza de las Estaciones y sumergirte en el bullicio de personajes variopintos que pululaban por las cercanías era el primer paso para creer que estabas viviendo algo excepcional, lleno de color y sonidos, tan distinto de mi rutina habitual. Y yo lo vivía así.
Siempre retengo especialmente los sonidos de las ciudades, y en este caso, mi recuerdo lo pinta de mil colores : algunos son chillones, otros llevan el canturreo descarado del acento montañés, o alguna sirena de barco cercana, el pitido de los trenes de la estación, e incluso el chirriar de los trolebuses que circulaban en un trazado menos ordenado que el que yo estaba habituada a ver a diario. Me fascinaba. Todo estaba lleno de vida. Esa mezcla explosiva de vitalidad de la ciudad y afectos familiares, unido a mi pasión por todo lo que fuera ver una matrícula de automóvil diferente de las que conocía, sentir la humedad del mar y notar la brisa en la cara…era fantástico.
Y ahora todo permanece, aunque no exista de la misma manera. Pero lo mejor es que, caminando a través del tiempo, al observar con ojos nuevos, y aunque es inevitable echar de menos a las personas que ya no están, existe un punto en el que sobrepasas el velo de la nostalgia y de la distancia. Cuando eso sucede descubres, maravillosamente, que ahí te encuentras tú también. Reconoces tu raíz. Ahí está, y nunca desapareció. El paisaje de interior en el que vives no ha borrado ni una sola línea del dibujo. Siempre he dicho al respecto que me gustaría que ese dibujo se complete del todo, y se llene de nuevo de esos mil sonidos de sirenas y trenes. Y como un conjuro, a veces lo repito, en voz alta…como ahora.
Hay lugares que han quedado grabados a fuego en mi memoria a pesar de la lejanía en el tiempo , y uno de ellos es Praga. Hice una visita relámpago desde Viena, donde me encontraba pasando unos días, hace mucho tiempo ya. Días antes, previendo la posibilidad de conocerla, había terminado de leer la nostálgica obra de Teresa Pamiés “Testament a Praga “, en la que la escritora rememora parte de su vida allí y de sus recuerdos asociados a la bellísima ciudad. Retuve especialmente uno de los momentos que narraba, en el que hacía referencia a un poema sinfónico de un compositor checo, llamado “Atardecer”, que ella escuchaba con nostalgia y elegía como imagen de la ciudad y de su vida en ella. La curiosidad me hizo buscar la grabación ( en vinilo ) aquí, en mi ciudad, pero no tuve suerte, y lo olvidé.
Sin embargo, algunas veces la fortuna se pone de nuestra parte, y parece que todo se confabula a nuestro favor. Un cúmulo de casualidades hizo que, el mismo día de mi llegada a Praga, conociera a una persona que me acompañó, esa misma tarde, a escuchar un concierto de la Orquesta Filarmónica Checa en la ciudad. Aún conservo el ticket de entrada, no así el programa, pero jamás lo olvidaré : la segunda parte incluía , precisamente, “At twilight” ( Al atardecer), poema sinfónico para orquesta, op. 39 de Zdenek Fibich. Al día siguiente pude comprar la grabación , en vinilo, de la mítica casa Supraphon.
Praga, ‘Testament a Praga’ y ‘Al atardecer’, son sólo tres caras de una piedra preciosa tallada en Bohemia, y aquí dejo una de ellas.
Regresaba tratando de encontrar la palabra justa para este preciso instante, aún sabiendo que ni siquiera una palabra sirve en algunos momentos. Y es que estaba escondida, precisamente…
Dicen de ella:
"Saudade : vocablo portugués que expresa un sentimiento melancólico recuerdo de una alegría ausente. El término, que expresa una emoción ambigua, se ha considerado uno de los más difíciles de traducir. Es la emoción predominante y raíz del fado, y alienta también la bossa nova brasileña. Se trata de una voz que contiene la esencia de la vida, la tristeza y la alegría, el pasado (recuerdos), el presente y el futuro en un instante simultáneo."
Tan difícil como intentar traducir la palabra,
tan difícil como intentar expresar el sentimiento,
tan difícil y especial es esta melodía, que viene a mí de la mano de un ser maravilloso, único, e irrepetible.
Tan difícil salir de ella como negarse a sumergirse en su belleza.
Es inevitable.