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domingo, 8 de junio de 2008

Una raíz de mi árbol

Romanticismo, mucha curiosidad , e interés por descubrir dónde nacieron las raíces que la trajeron a una hasta aquí, hicieron que hace años me pusiera a investigar el árbol genealógico de mi familia. Como en otros asuntos parecidos, era la única a la que le interesaba saber algo más. El escepticismo respecto al tema del que hacía gala mi abuelo paterno debió contagiar a todos los hombres de mi familia, que tampoco han demostrado nunca interés, así que mis investigaciones transcurrieron siempre en la más absoluta soledad. Sólo me escuchaba mi madre, que llevaba, realmente, otra “sangre” en las venas…
En el fondo, tenía más razones para querer investigar, y desde luego, todas situadas en las antípodas del pensamiento cerrado , angustiante y excluyente de algunos nacionalismos cercanos, que clasifican a las personas por su RH y apellidos “de origen”. Quería resolver preguntas, de esas que quedan ancladas en la mente de un niño a raíz de escuchar un comentario entre adultos : “Es que al abuelo le importa un pimiento saber nada de sus antepasados...” “ ¿Tu padre ? …Tu padre pasa de todo ¡ No se acuerda nunca de nada, le importa un bledo saber quién era el tío tal o cual...¡ Si yo soy la que tengo que recordarle siempre cuando vamos a visitar a la primas cuántos hijos tienen, o si se han casado, o si murió la madre!... “
A mí no me encajaban del todo las cosas. No acababa de comprender ese supuesto desinterés de mi abuelo por saber de los suyos, porque le percibía de otra manera. Tengo que decir que era un hombre austero, de no demasiadas palabras, de vida recta, metódica, organizada casi al milímetro, que había sido dependiente en el mejor comercio de tejidos del Pamplona de principios de siglo, y que sólo tenía un par de “vicios” : fumarse 4 cigarrillos al día de Tanausú, ni uno más, ni uno menos, y el violoncello, instrumento que le apasionaba escuchar en la radio, al lado de su sofá, cuando tenía la suerte de que retransmitieran algún concierto. Y eso a pesar de no tener ninguna educación musical.

Recuerdo perfectamente ir a la tienda cuando era pequeña, de la mano de mi madre, para comprar alguna tela, y verle sonreír al otro lado de unos gigantescos mostradores de madera desde donde desplegaba para los clientes los paños, las lanas, las franelas...Tengo grabado en mi memoria ese olor mezcla de madera y tejidos, el sonido de la enorme tijera que usaba , su seriedad, el corte perfecto, el esmero al doblar y envolver, y un caramelo de menta que sacaba del bolsillo, con una sonrisa...Nunca faltaba aquel caramelo. Quizá mi “afición” a tocar siempre cualquier tejido para sentir su calidad nazca de aquel recuerdo…quizá.

Pero a pesar de su seriedad, era un hombre cariñoso, pacífico, y bueno. Sólo se enfadaba cuando veía a los políticos hablar en televisión, y especialmente, cuando veía a Alfonso Guerra : le sacaba de sus casillas, pero el pobre hombre, al que nunca oí decir un taco, sólo decía “Cá! Cá! Ese!! ¡Eeeeeese es una bicha!! Dice que a España no la va a conocer ni la madre que la parió.....Cá!“

Mi “árbol” reorganizó , pues, mis conocimientos sobre él, y algunos de sus antepasados. Comprobé que su padre murió tres meses antes de nacer él, y su madre, mi bisabuela paterna, cuando cumplió los cinco años. A partir de ese momento los cinco hermanos huérfanos fueron recogidos inicialmente en casa de unos familiares, donde vivieron juntos unos pocos años, y después cada cual siguió un camino diferente en la vida.

La conclusión de lo que he contado hasta aquí es simple : ya solamente imaginar qué siente un niño que no puede recordar el calor de sus padres, produce tristeza. Y sentirlo…supongo que inunda lugares recónditos del corazón que uno prefiere reservar para sí mismo, o que simplemente no sabe o no puede compartir con los demás. Detrás de cada persona siempre hay no una, sino muchas historias, muchos matices, y nunca se puede juzgar superficialmente. Las “clasificaciones” y los clichés colocan en lugares cómodos nuestros pensamientos, pero en muchas ocasiones ocultan lo verdadero. Por eso nunca me han gustado. Ni un pelo. Y cada vez menos.

Esta es la pincelada de un hombre serio, de pocas palabras y bueno. Así era mi abuelo : no es que le importara un pimiento.

5 comentarios:

angela dijo...

Mary Luz ¡HERMOSO! el recuerdo que dedicas in memoriam a tu abuelo, desde donde quiera que esté él se sentirá orgullosísimo de tí, estoy segura.Ves, como puedes dar rienda suelta a tu imaginación y contarnos cosas entrañables y hermosas?...¡Felicidades!.Te deso una semana estupenda.Angela

Alemamá dijo...

GRACIAS POR LAS FOTOS QUE ME HAS PROMETIDO.

Estás muy linda en tu foto del perfil :)

Ya leeré ésto. Tengo un ahora en el médico.

Besos

Sureando dijo...

Bella entrada, me encanta que se recuerde a los mayores y tratar de descifrar el por qué de las miradas y actitudes.
Lindo homenaje le has hecho a tu abuelo y ese recuerdo de las telas, del corte perfecto, de esos mesones antiguos de madera, si parece que lo estoy viendo.
Un abrazo grande y felicitaciones.

only dijo...

Angela,
gracias por tus palabras, pero no creas, soy la eterna duda, y a veces creo que cuento cosas demasiado personales...Intento limitar eso, pero se me escapa.
Lo más importante que quería decir estaba al final, y eso sí que lo reafirmo, las veces que haga falta.
Gracias por tu comentario, es una referencia importante.

Un beso fuerte


***


Alemamá:
prometidas, y te llegarán, sólo dame tiempo.
Gracias por el comentario de la foto, pero no soy nada amiga de ellas.jaja. Siempre creo que lo que se transmite tiene que ser al natural, pero aquí no queda otro remedio que poner una sonrisa congelada.
Un abrazo

***



Beatriz,
es que soy incapaz de no tratar de descifrar...
Muchas gracias por tu comentario; me alegro de haber logrado transmitir algo de esas percepciones que todos hemos tenido de niños, y que asoman de vez en cuando.

Un abrazo fuerte

Marcelo dijo...

Qué bella pintura de tu abuelo nos has dado! Y es cierto, uno tiene que tomar retazos de sus pasados para saber cómo son...
Hermoso texto!

Gracias, Lourdes

Gracias, Lourdes
Un abril encantado

Gracias, Marino

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Gracias, Ulysses

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Gracias, Luis

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Gracias, Bombis y Borombis

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