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jueves, 30 de julio de 2009

Como un conjuro






Una de las tantísimas cosas que me gustaban de los veranos que pasábamos en casa de mi abuela cuando era pequeña es la cantidad de sucesos que parecían transcurrir por metro cuadrado en Santander. Había de todo. Y además, ese “todo” no existía en mi tranquila ciudad. Entre otras cosas, podías acercarte en tren al centro de la ciudad desde su casa, a 5 km, y transformar un simple desplazamiento en una aventura en la que te sentías ‘viajera’ al comprar el billete de cercanías. Llegar a la Plaza de las Estaciones y sumergirte en el bullicio de personajes variopintos que pululaban por las cercanías era el primer paso para creer que estabas viviendo algo excepcional, lleno de color y sonidos, tan distinto de mi rutina habitual. Y yo lo vivía así.

Siempre retengo especialmente los sonidos de las ciudades, y en este caso, mi recuerdo lo pinta de mil colores : algunos son chillones, otros llevan el canturreo descarado del acento montañés, o alguna sirena de barco cercana, el pitido de los trenes de la estación, e incluso el chirriar de los trolebuses que circulaban en un trazado menos ordenado que el que yo estaba habituada a ver a diario. Me fascinaba. Todo estaba lleno de vida. Esa mezcla explosiva de vitalidad de la ciudad y afectos familiares, unido a mi pasión por todo lo que fuera ver una matrícula de automóvil diferente de las que conocía, sentir la humedad del mar y notar la brisa en la cara…era fantástico.

Y ahora todo permanece, aunque no exista de la misma manera. Pero lo mejor es que, caminando a través del tiempo, al observar con ojos nuevos, y aunque es inevitable echar de menos a las personas que ya no están, existe un punto en el que sobrepasas el velo de la nostalgia y de la distancia. Cuando eso sucede descubres, maravillosamente, que ahí te encuentras tú también. Reconoces tu raíz. Ahí está, y nunca desapareció. El paisaje de interior en el que vives no ha borrado ni una sola línea del dibujo. Siempre he dicho al respecto que me gustaría que ese dibujo se complete del todo, y se llene de nuevo de esos mil sonidos de sirenas y trenes. Y como un conjuro, a veces lo repito, en voz alta…como ahora.




19 comentarios:

AleMamá dijo...

¡Tienes tanta suerte de que tus raíces estén donde puedas ir de nuevo! en América, procedemos de tantas partes que es para mi una nostalgia continua de lo que vivieron los que ya no están y de cuyas vivencias jamás sabré en lugares que nos son casi imposibles de alcanzar, no sólo por tiempo, también por distancia, idioma (mi familia ya no habla francés, ni inglés, ni alemán) ¡y tanto más! algo he posteado también.
Besos

AleMamá dijo...

¡Ya está, lo encontré! acá te dejo el link de algo posteado sobre lo que dices ...bueno, un poco, me lo recordaste, jeje

Luis Lópec dijo...

Has logrado emocionarme, paisanuca. Escribes muy bien. Hazlo más a menudo, por favor.
Besucos )con acento de "una de rabas).

MariLuz Arregui dijo...

Alemamá, cuánto agradezco tu aportación..

Tu inteligente perspectiva ayuda siempre a reflexionar un poquito más, y siempre aprendo algo de ti.

Tu entrada ‘Nostalgia de mis genes’ es estupenda, dices mucho, e interesante, como siempre. Deberíamos ‘reeditar’ de vez en cuando entradas como esas, porque son temas universales, recurrentes, con los que casi todos nos sentimos identificados de alguna forma.

Es un placer tenerte cerca, a un click!

Un fuerte abrazo, Ale

MariLuz Arregui dijo...

Luis,
Yo creo que has escuchado los sonidos de los que hablaba, verdad? Gracias por lo que me dices, me anima a seguir, lo sabes.


Un besuco con sabor a salitre

Alegría dijo...

Hermosísimo. Yo viajo, también, por entre muelles, y recorro un cuartel militar, que ya no existe... y yo lo veo... Y siento esos olores, y ellos están cerca, me dan la mano e inconscientemente, sonrío... soy feliz...

Un beso...

Alegría dijo...

Tienes toda la razón, en tus reflexiones... En cuanto a que la privacidad, no son un nombre y apellido o una imagen, estoy también de acuerdo, pero contribuye, a que te reconozcan, y, cuando esto sucede, te sientes menos libre... ¿no? Creo que es el único motivo, por lo que mi blog, el que conoces, continúa siendo secreto, para los que tengo cerca; tengo otro para cococido para éstos, y aunque, básicamente, muestro lo mismo, es mucho más contenido e impreciso...

Un beso.

La Rata Paleolítica dijo...

Muy bonito sisi, un placer leerlo, quizas especialmente para alguien que se pasa la vida volviendo simpre, alla a donde vaya.
Muy bonito, y bien escrito.

Por sierto, depues del aterrizaje forzoso africano, ya voy centrandome de nuevo, poniendo cosas al dia, y vuelvo a atacar al plog seriamente. Lee la ultima cita que he puesto en mi plog, al final. La entrada DOS eshta en camino, ya mesmo.

Anónimo dijo...

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