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domingo, 25 de mayo de 2008

(2) La sombra de un platanero...griego

***************************************************************************** Azul ,luz, Athina , efgaristo poli , humedad, calor asfixiante, alegría, mar, melitsano salata, retsina, tsatsiki, verano, fonética, omega, bigotes, lira pontia, s’agapó, toumbeleke, endaxi, café frapé, Alexandrópolis, Kavala, Kehrokambos, zonaradikos, kalamatianos, Pireo, Licabeto, Kolonaki, Dora Stratou, Colina Filopapou, Nikos, Vangelis, Tracia , Macedonia, Pontos, Anatoliki-Roumelie, Epiro, Creta , kotsari, syrtos, baidouska Ena, dio, tria…pame! ( un, dos , tres….vamos!) *******************************************************************************

El árbol Lawrence (Georgia O'Keeffe) La primera vez que viajé a Grecia no imaginé que acabaría bailando toda una noche debajo de las frondosas ramas de un enorme platanero. Pero así sucedió, y gracias a que Mari Carmen propuso el reto de hablar de la sombra de un árbol, he elegido recordar aquel , precisamente aquel. Después de hacer escala en Atenas, aterrizamos en Kavala, desde donde seguimos ruta hacia el norte , hasta llegar a una pequeña aldea cerca de los Montes Rodopis que separan la macedonia griega de Bulgaria. Era pleno mes de agosto, y nos esperaba una fiesta de tres días que celebraba la comunidad pontia del lugar. Estábamos invitados allí gracias a la amistad tejida a través del tiempo por los amigos con los que yo viajaba, expertos bailarines de sus danzas.

Lo cierto es que yo estaba expectante pero también un poco cansada, debido sobre todo al tremendo calor, a las horas de viaje, y a la desilusión que me produjo al principio encontrarme en una carreterucha que nos conducía a través de bosques sin demasiado encanto a un lugar que intuí inhóspito y seco. Los que ya conocían el lugar me habían advertido: “Ya verás, ya verás, cuando llegues al pueblo…Os esperaremos a la sombra de un árbol”...y sonreían. Curioso lugar de encuentro me pareció, pero no dije nada. Sabía que estaban deseando agradarme. Era mediodía cuando llegamos, y nada más bajar del coche que nos llevó nos fundimos en abrazos de sorpresa y alegría con los que nos esperaban. De repente, todo el calor y el sol cegador que nos acompañaba a lo largo del camino se transformó en frescura , sombra y aromas mediterráneos. Estábamos en el centro de la plaza del pueblo, y a mi izquierda pude ver un gigantesco platanero, cuyo tronco medía varios metros de contorno, y a cuya sombra se resguardaban del fuerte calor de mediodía habitantes del pueblo, plácidamente sentados en sillas de enea, y bebiendo retsina. Justo al lado se encontraba la principal “taverna” del pueblo, donde ya estaba comenzando la preparación de la primera parte de la fiesta de esa noche. Las largas mesas corridas donde tendría lugar la cena iban extendiéndose debajo de la inmensa sombra del árbol. Era la “zona cero” de la fiesta.

Una de las características de las danzas pontias es la duración de sus melodías, que suelen ser muy largas. Algunas pueden alcanzar los quince minutos, durante los cuales, los participantes, de todas las edades, incluidos niños y ancianos, son libres de entrar o salir del círculo en cualquier momento ( para volver a beber, o charlar, o comer…) o permanecer hasta el final, unidos en “parea”, a medida que el grupo se va encerrando en una espiral en forma de caracol, hasta que ya no es posible estar más unidos los unos a los otros. Ese es el momento de mayor emoción, y después, poco a poco, se va deshaciendo lentamente, en sentido inverso, y finalmente termina. No podría contar cuántas veces se repitió la escena , cuántas veces entrábamos y salíamos del círculo, cuánto gozamos… Sucedió en una bella y calurosa noche de agosto que no he olvidado. El gigantesco árbol se convirtió en testigo acogedor de los bailes, alegrías, charlas y emociones de todos los que estuvimos allí. Pero pasadas las horas oscuras, y aunque todos estábamos extenuados, aún pudimos asistir al último baile que daba paso al día, justo al amanecer. Los hombres de más edad del pueblo bailaron entonces una de sus más apreciadas danzas, “serra”, varonil y guerrera, bajo la alargada silueta recién amanecida de aquel plataniotikó.

8 comentarios:

Mari Carmen dijo...

Qué hermoso recuerdo, Mary :) Tuvo que ser precioso. Nunca he estado en Grecia y no sé si algún día llegaré a ir, pero si voy me acordaré de tus palabras y de tus danzas bajo un platanero en un pueblo griego :)

Un abrazo y gracias.

angela dijo...

Mary Luz, me ha parecido precioso el recuerdo que guardas de un país tan lejano para nosotros por su legua...por sus costumbres...Me ha dado la impresión de haber estado allí.¡Precioso!.Un besote grande y que la semana te sea favorable.Angela

Sureando dijo...

Qué bello relato, dicen en este hemisferio que Grecia es lo mejor de un viaje a Europa.
Me gustó mucho como lo has escrito, bello como todo lo que hay en tu blog.
Un abrazo

Raquel dijo...

Hermoso recuerdo. Creo que es de esos a los que se vuelve una y otra vez con un sentimiento de plenitud.
Besos

Marcelo dijo...

Lo que me gustó de tu relato es la unión árbol-fiesta, porque siempre pensamos al árbol más cercano al descanso. Me sorprendió y me gustó tu relato! Ah, qué curiosidad me da la retsina. ¿A qué se parecerá?

only dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios, todo ha sido “culpa” de Mari Carmen :)) , si no, no lo hubiera traído hasta aquí.

Marcelo,
dicen "la retsina es un vino blanco que se elabora añadiendo resina de pino a vinos blancos de la región . El retsina tiene el sabor inusual a pino de la resina y se sirve o bien directamente del barril o de botella. En ocasiones se sirve con agua de soda. ".


Lo recuerdo como agradable, con ese ligero sabor a resina, pero la verdad es que hay muchos vinos blancos riquísimos aquí en España, y no lo cambiaría por ninguno. Lo que ocurre es que es magnífico para olvidar el aplastante calor en verano, tomándolo fresquito, de vacaciones...y además no te emborrachas, aunque tomes mucho..jeje.



Besos para todos.

aisinyemaya dijo...

Hola guapísima!!!! Yo aquella noche estaba allí, fue maravillosa y ya la he vivido en más años también en el pueblo perdido en la montaña de Kerhokambos, lo que se funde es maravilloso, con la musica en directo, el platano, la gente, los amigos, la comida y la charla, toda la noche bailando y comiendo, quedándose el cordero asado helado porque entre bocado y bocado salíamos a bailar... simplemente maravilloso...

Besos

only dijo...

Aiseinyemaya, :))
me alegro de leer tu comentario...así queda claro que lo que he contado existió..jej, por si alguien podía dudar del poder de mi imaginación!!
Un abrazo fuerte
besos

Gracias, Lourdes

Gracias, Lourdes
Un abril encantado

Gracias, Marino

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Gracias, Ulysses

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Gracias, Luis

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Gracias, Bombis y Borombis

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